lunes, 12 de diciembre de 2016

¿REFUGIO O CONVENIENCIA?



¿Por qué me interesan las biografías de arquitectos, de diseñadores, de coreógrafos, de fotógrafos, de escultores, de escritores, de pintores, de poetas, de científicos, de astrónomos,...?

Algunos diréis, no importa quiénes eran, es su obra lo que interesa, el legado que dejaron, lo contrario es ser un voyeaur. Otros, como yo, pensamos lo contrario.

Conocer únicamente a alguien y estudiar su trayectoria profesional con el fin de que ésta te inspire o te instruya, a mí personalmente se me queda cojo, no obstante es útil.
Sin embargo, conocer a esa persona en otras facetas, me permite saber si tiene coherencia, si es incongruente, conocer sus contradicciones, sus tropiezos, sus obstáculos, sus miedos, sus procesos,... en definitiva, una parte de sí que no se puede separar, aunque queramos, de la faceta profesional.

Imagino que se debe a que procediendo así, es fácil entender por qué tal persona hace lo que hace, debido a qué, de dónde surgió su interés por la materia, que le llevó a ese lugar,...

Es conocer, comprender, entender profundamente, o al menos acercarse, y quedarse lo menos posible en la superfície. Pero justo eso es lo que aplicamos con los personajes que dejaron huella, porque también nosotros lo hacemos, sospecho, con la gente que forma parte de nuestra cotidianeidad. 
No los exploramos, no los absorbemos, no los miramos. Nos quedamos con algunas capas, las que seleccionamos, y las demás las pintamos invisibles. Por qué, para qué, si no tengo tiempo, y es más barato y fácil etiquetar y quedarnos con un cúmulo de capas de dicha persona las cuales soterramos dejando de descubrir al ser humano que hay tras ellas.

Porque la etiqueta cierra y te deja ciego. Menos mal que es una elección.

Yo he sido la primera que he padecido de ceguera, ¡y quién no!, aunque lo que en realidad me gusta, me fascina, es tener los ojos bien abiertos.
Con ese talante, se puede comprender hasta el personaje más maníaco, perverso, indescifrable, impredecible, contradictorio y ambiguo del mundo. Por mencionar tan sólo algunos calificativos difíciles.

Para ello, hay que pararse de vez en cuando, o más bien, pararse repetidas veces, pausar los tiempos y vivir lentamente. Incluso permitirse uno aburrirse. Porque, contrario a lo que pueda parecer, el aburrimiento es creativo. 

No es casualidad el asomo en estos tiempos de movimientos como el "mindfulness" o "la vida slow", que no es otra cosa que movernos con más consciencia por la vida y estar presentes en lo que nos sucede. Nada más.

Sin ser esclavos del reloj, de coleccionar experiencias, de viajar a tope y del "Carpe Diem". Existen psicólogos que acuñan el tópico literario como una expresión de escapismo. Maravilloso escapismo, eso sí. Y con frecuencia, también agotador.

Cuando viví en Irlanda y en Francia me percaté de ello. En ambos países viví en un entorno rural, sin la presencia de la urbe, que por otra parte tanto me gusta, porque me ofrece infinidad de posibilidades que no encuentro en otros entornos. Ahora bien, el campo tiene algo de lo que carece la ciudad. Y es el silencio.

Así que, voy equilibrándome con dosis de entornos y voy jugando con las opciones que la vida me va ofreciendo. Me parece una buena forma de vivir, apropiada para mi momento vital. Porque lo que es válido para mi, quizás no lo sea para ti y cuando comienzas a entender este principio, el aconsejar y el desaconsejar pierden fuerza y ya no te interesan.

Como le oí decir a un director de cine:
"Escuchar todos los consejos. No elegir ninguno. Aplicar tu intuición".

Estaría gracioso que nos recetaran un cambio de entorno cuando no nos sentimos bien, como si fuera una medicina. 
"Ve a tu arquitecto de cabecera y dile que te recete un cambio de ambiente".

Que nadie se engañe pensando que sólo algunos se lo pueden permitir. Rotundamente no. Cuando digo cambio de ambiente, quiero decir cambio de marco. Y cada quien puede imaginar el marco ideal al que le gustaría de vez en cuando ir. Pero tiene que descubrirlo por él mismo, tanteando, no por conveniencia de quien se lo receta. 

Las recetas son siempre siempre personalizadas.

¿Tendrá ésto algo que ver con que muchos arquitectos se sientan también atraídos por la medicina? Porque conozco a unos cuantos. 
¿Puede haber una relación entre los espacios que habitamos y el bienestar? La hay.
A los curiosos, les recomiendo visitar la obra del arquitecto mexicano Luis Barragán.

Mi receta personal cuando no entiendo el mundo o no me entiendo a mi misma es leer biografías. Me sana y me abre la mirada. Y qué decir,... me fascina.

Es entonces cuando siento que no pasa nada, que todo pasa y que siempre hay un espacio de calma dónde todo se relativiza, se para y finalmente se comprende.

Y ese espacio al que siempre te gusta ir, es el que en realidad es TU HOGAR.

viernes, 2 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ SOY ARQUITECTA?




¿Por qué soy arquitecta?  

Voy a cambiar la pregunta: ¿Por qué estudié arquitectura?

No voy a hablar de la vocación ni decir que desde pequeñita quería ser arquitecta porque a mí no me pasó. Además, desde mi punto de vista, la vocación está sobrevalorada, lo que ocurre es que queda muy bien decirlo.

En mi opinión, se construye a medida que te enstusiasmas por algo y decides estudiarlo, profundizando en sus bases y posteriormente aplicándolo. 

Lo que sí creo que te puede pasar, es que algo te llame la atención y quieras explorarlo, sigas tu curiosidad y empieces a hacer aquellas cosas que te enganchan y a partir de ahí, ver cómo evoluciona esa receptividad de aprendizaje.
Es un mirar la realidad descubriéndola y generando preguntas sobre ella siempre desenado saber más. 

Una vez detectado ese entusiasmo inicial, surge el realizar una formación reglada para desarrollar determinada habilidad y poder continuar la aventura para ver qué te depara ese camino y sobre todo, si lo disfrutas. 

No obstante, esta curiosidad viene en parte dada por el entorno en el que te mueves (si has tenido familiares arquitectos), en las opciones o experiencias que tuviste a tu alcance (si fuiste a un campamento donde te enseñaron a levantar un refugio por ejemplo y te entró el gusanillo de dedicarte a construir) e incluso en la cultura en la que te moviste (si en tu país/ciudad estaba bien visto algo o viceversa).

En mi caso, no sabría decir el motivo de haber elegido esta profesión. 

Sí sé lo que me gustaba hacer de pequeña y eso voy a contar aquí; de forma divertida y en clave de humor.

Dibujaba mucho, siempre estaba dibujando; todos los niños dibujan -diréis-, sí, sin embargo yo dibujaba hasta en las sábanas (para disgusto de mi querida madre) y en cambio a mi hermana el dibujo no le divertía tanto como a mí.

También hacía mapas para encontrar un supuesto tesoro y quemaba las puntas del papel, puesto que me imaginaba que era un pergamino, con el consiguiente riesgo, una de esas veces, de incendiar mi habitación (supongo que por influencia de "Indiana Jones", de que me pasaran cosas y de creerme una exploradora en apuros). 

Lo de rayar me debía de entretener mucho, hasta que más crecidita empecé a ganar concursos locales de dibujo y tomar clases para desarrollar mi destreza.

Me divertía construir cabañas con mantas cuya estructura eran los caballetes de pintura de mi madre -artista plástica- donde me escondía. La inocente imaginación de ser niña.
Puede que hubiera visto un tipi (la vivienda nómada original de las tribus de Norte América), palabra que significa "lugar para vivir" (Ti: vivir y Pi: lugar) en alguna película de dibujos animados o vete tú a saber por qué; allí debajo me cortaba el pelo porque intuía que en ese espacio tan especial debía de pasar algo interesante y en pleno secreto. 
Cuando yo quería, me aislaba de todo construyéndome mi tipi. 
En ese espacio, me sentía bien. Cuando me cansaba, cerraba el caballete, quitaba la manta (pintarrajeada `of course´) y volvía a la realidad.

Construir un refugio, casa u hogar era algo que disfrutaba y mi forma de jugar e ilusionarme. 

Con más edad, empecé a interesarme en mi colegio. Estar en uno tan grande como al que yo iba, era para mí un misterio. Construido en distintos niveles, con diferentes patios, edificios, pistas deportivas,... albergaba varios niveles educativos.

Siempre tenía la cabeza llena de dudas y preguntas.

¿Dónde estaban las clases de los niños/as más mayores? ¿Por dónde se entraba? 
¿Por qué no nos dejaban acceder a esas aulas? ¿Qué aspecto tenían? ¿Qué se hacía allí?
¿Estudiaban lo mismo que nosotros? ¿Por qué nos separaban? 

Por aquella época, yo ya tenía más conciencia de mí misma como persona responsable y aplicada que era, pero deseaba las respuestas a mis preguntas y conseguí juntarme con otras amigas (más atrevidas y revoltosas que yo) para que me acompañaran en mi ruta. Explorar, lo llamábamos. 
Así, descubrimos muchas puertas ocultas, corredores y pasos conectados entre edificios que nos sorprendieron y entusiasmadas, cada vez queríamos entender mejor el funcionamiento de nuestro colegio. Nos colábamos en las horas que sabíamos que era posible. En una de esas nos pillaron, claro. Nos llevamos una buena tunda porque según los directivos, sólo podíamos jugar en nuestro espacio y en nuestro patio. 

Posiblemente, de ahí venga mi inclinación en descubrir lo que está oculto, lo que no se ve, lo que nadie te dice o lo que es complejo de conocer. Mi predisposición a hacerme preguntas. 

De los juguetes no recuerdo demasiado, lo que más me gustaba era crear mi propio juego y con mis propias normas. 

Crear, explorar y experimentar.

Siempre fui una chica muy estudiosa, disciplinada y determinada. Paciente, perseverante.
El esfuerzo nunca era un problema para mí, ya que siempre latió en mí una pulsión inquisitiva y curiosa, ávida de entender.

En la Universidad, la enseñanza de arquitectura plantea varios campos de conocimiento de manera simultánea. Eso te da una amplia perspectiva y afina tu criterio, además de educar tu gusto y tu sensibilidad entre otras cosas.
Como su estudio es complejo y largo, estudiar arquitectura te da cierto carácter. Por aquel entonces, un colega me dijo que los arquitectos somos tíos y tías duros. Y creo que es verdad.
Con esas características, ni qué decir tiene que esta carrera te abre muchísimas posibilidades.

La arquitectura te permite jugar, aprender y cuestionar.

Cada proyecto que se te pone por delante, requiere un nuevo aprendizaje, explorar opciones, cuestionar premisas, estudiar diferentes puntos de vista, ordenar elementos, analizar variables,... hasta llegar a una solución que funcione y que reúna características lo más poéticas posibles. Eso es aprender arquitectura.

Otra cuestión es aprender a ser arquitecto y realmente, existe poca investigación sobre educación en arquitectura, es decir, no hay muchas respuestas a la pregunta:
¿Cómo se aprende a ser arquitecto? 

Otras habilidades las aprendes y asimilas trabajando y enfrentándote a todo tipo de retos, y es ahí dónde empieza el verdadero desafío, pero ese sería otro debate.

Además de una de las siete Bellas Artes, la arquitectura es una profesión de servicio y cualquier persona que se haga llamar arquitecto, ha de estar al nivel de esas dos premisas. Un enorme reto.
No es fácil conseguirlo y eso lo hace valioso puesto que el conocimiento se obtiene de manera lenta, compleja y difícil para que llegue a ser sólido.

Ya lo decía Platón: "Lo bello es difícil".

Objeto de este texto era responder a la pregunta: ¿Por qué estudié arquitectura?

Podría suscribir las palabras del arquitecto y maestro Francisco Javier Sáenz de Oíza:

"Aventurarse en lo desconocido, a un camino o proceso no recorrido con una actitud ilusionante y fuerte". 

Justo eso.



(Este Post se enmarca dentro de un trabajo de publicación colaborativa con otros arquitectos llamado #ThisisARQsLife. El objetivo es ofrecer diferentes puntos de vista de arquitectos hablando sobre un mismo tema y mostrando diferentes enfoques de entender la arquitectura y la vida.
Tenemos un GRUPO CERRADO DE FACEBOOK  donde compartimos inquietudes, aprendemos unos de otros y nos ayudamos mutuamente. Y ¡eres bienvenido!
Ya sabes que el arquitecto nunca deja de estudiar :-) 

Algunos artículos de sus intengrantes son:


Igma PachecoElena de FrutosJoan Vergara y Paula Rivera).

jueves, 5 de mayo de 2016

¿CAMBIO O NO CAMBIO?


Mi coneja enana se llama Asia.
Siempre me ha llamado la atención la cultura oriental, tan distinta a la nuestra. Y como epicentro de la misma Japón.
Curiosamente, nunca me he planteado viajar hasta allí ni conozco a ningún japonés, pero sí a una persona que lo ha visitado. Posiblemente me gustaría y disfrutaría de su cultura. Cuando llega a mis manos algo relacionado con la cultura nipona, sencillamente me entusiasmo.
Ya mi blog lo llamé así por la leyenda japonesa, que podéis leer en el apartado de:
¿Por qué este blog?.
Su simbolismo me sorprende, la manera de plantear su arquitectura, sus santuarios, sus templos, la sutilidad y el refinamiento de sus jardines, sus rituales, sus costumbres como la ceremonia del té, sus modales, su filosofía y su vocabulario basado en ideogramas.
Es como ir a la esencia de lo que quieres decir, ir al punto y expresarlo en un solo caracter, sin rodeos. Esta condensación del lenguaje me parece muy interesante.
De hecho, tengo palabras favoritas que no me preguntéis por qué pero que me seducen por su sonoridad.

Tsunami, kuntsukuroi, bushido, sakura, geisha, sensei, tatami, bonsai, shiatsu, wabi-sabi, yorokobu, haiku, kirei, reiki.
Las traduciré porque sus significados son muy bellos.

KUNTSUKUROI: Es el arte de reparar piezas cerámicas con oro. Hace referencia a la resiliencia y a la belleza del error y de lo imperfecto.

BUSHIDO: Es un código ético samurai que plantea un modo de vida cuya traducción literal es "el camino del guerrero".

SAKURI: Es la flor del cerezo, la flor más significativa de la cultura japonesa y que representa la belleza de la naturaleza y de los nuevos comienzos por florecer en primavera.

GEISHA: La artista tradicional japonesa, doncella del placer y del entretenimiento.

SENSEI: Significa maestro, alguien que tiene más experiencia y años y que enseña a otro, el aprendiz.

TATAMI: La estera tradicional de las casas japonesas asociadas a la ceremonia del té.

BONSAI: Eran símbolo de divinidad y una planta de nobles. La consecuencia del arte de cultivar plantas y árboles modelando su forma. 

SHIATSU: Técnica tradicional japonesa para mejorar la salud mediante conocimientos anatómicos y fisiológicos.

WABI-SABI: Concepto que refiere a la belleza de lo rústico.
"El wabi-sabi cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto".  Richard R. Powell.

YOROKOBU: La felicidad consciente en japonés. Se podría entender como pequeños momentos que son mágicos para ti. Llamados coloquialmente como momentos yorokobu.

HAIKU: poema japonés, breve, sencillo y sutil que hace referencia a la naturaleza y que tiene la particularidad de eliminar de la ecuación al ego del autor.

KIREI: Significa hermoso, lindo. También se traduce como limpio, ordenado, puro. Con lo que se deduce que lo que es limpio, ordenado y puro para los japoneses es hermoso.

REIKI: Técnica terapéutica originaria de Japón traducida como energía del alma o energía vital y que se cree que trata desequilibrios emocionales.

Todas me encantan pero la palabra tsunami me produce una mezcla de fascinación y miedo atroz. Me gusta su simbolismo.
Además, en mi casa siempre se ha pintado el mar, la espuma de las olas, su fuerza bruta y extraordinaria. No es casualidad que nos atraiga lo que nos atrae.

En este post quería hablar de una nueva palabra japonesa llamada "mon" y que significa puerta y que ha llegado a mi vida bajo el disfraz de una ilusión profesional.
El significado profundo de puerta de por sí me parece muy sugerente.
Una puerta es una entrada a un mundo y simbólicamente es un lugar de paso, de cambio, de decisiones.

¿Dónde entras?
¿De dónde sales?
¿Qué dejas atrás?
¿Qué te espera adelante?
¿Qué habrá al otro lado?

Debe ser que me cautivan las puertas porque siempre recuerdo tener esa sensación de dejar algo atrás y aventurarme hacia túneles desconocidos.
Digo túneles y no puertas porque nunca veía claro hacia dónde me llevaban mis decisiones, me dejaba llevar muchas veces por mi intuición, sintiendo que al final habría algo interesante que ver y conocer. 
Y nunca me he equivocado; pudo decir que aprendo de todas mis decisiones.
Qué le voy a hacer, me gusta aprender.

En Japón, las puertas son importantes, son espacios de paso entre lo divino y lo mundano y simbolizan la purificación y la iluminación.
Al indagar más en el tema, me sorprendí de la cantidad de puertas diferentes que existen en templos, santuarios, pabellones y palacios. He aquí algunas de ellas:

MASUGATA: Un espacio conformado por un patio a lo largo de la pared de un castillo con dos puertas situadas en ángulo.

KaraMON: Un tipo de puerta con un frontón ondulado que inicialmente se usaba como símbolo de autoridad y prestigio.

KabukMON: una entrada sencilla formada por dos postes y una viga de sección cuadrada.

RoMON: Una puerta de dos pisos de única cubierta cuyo piso superior es inaccesible y está bordeado por una barandilla.

NijuMON: Una puerta de dos pisos, ambos con cubierta y cuyo piso superior sí es accesible.

KoraiMON: una entrada formada por dos pilares y una cubierta de teja a dos aguas. Los dos pilares delanteros tienen también sendas cubiertas pequeñas de tejaa dos aguas.

HeijuMON: Una puerta que consiste solo en dos postes cuadrados.

UzumiMON: Una puerta que conecta espacios a diferentes niveles. Su traducción literal es "puerta enterrada".

YakuiMON: Una puerta techada por una cubierta a dos aguas sostenida por pilares en sus esquinas.

HakkyakuMON o YatsuashiMON: Una entrada de ocho pilares visibles que sustentan los cuatro principales debajo de la puerta de paso.

Aquí he escrito tan solo diez tipos de puertas o entradas japonesas, pero hay muchas más. Y me he centrado en la arquitectura japonesa porque uno siempre habla de lo que le entusiasma, o debería hacerlo. Y sí, pienso que las puertas tienen mucho que enseñarnos, que son oportunidades de cambio, como menciona Santiago de Molina, cuya conferencia TEDx os recomiendo y enlazo desde aquí: 

www.youtube.com/watch?v=CJToz2M8MDk

Porque hay puertas feas, misteriosas, majestuosas, imponentes, las hay que esperan a que las abramos y las atravesemos para descubrir qué hay al otro lado, al contrario de las que están cerradas a cal y a canto y que jamás volveremos a abrir.

Puertas con frontones, puertas de incendios, puertas de entrada, puertas domésticas, puertas transparentes, semi-transparentes, invisibles, puertas de colores, puertas correderas, abatibles y fijas, puertas infinitas, giratorias, puertas que nos acogen, que nos echan y también las puertas de atrás.
Las puertas son para valientes, cuando entras o sales de una de ellas, quizá ya no vuelvas a ser el mismo. Y nos gusta seguir siendo el mismo, el de siempre, a pesar de que sabemos que no se puede, que es imposible. 
El cambio nos cambia.

Suponen un límite, o una oportunidad, o un reto, o una duda, o una esperanza, o un cambio. Lo que tú quieras.

Yo me quedo con la última opción.
Cuando una puerta se cierra, es porque otra pronto se abrirá. Si estás atento. 

O eso quiero creer.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

SILENCIO, LENTITUD, COMPROMISO


                                                                                                                                                                Foto: Giusi Pardo


Hoy escribo para contaros una experiencia que viví hace unos días en Francia. 
Me fui con los ojos cerrados, sin saber muy bien qué me esperaba; solo sabía qué tipo de experiencia iba a vivir: un voluntariado en bioconstrucción, en plena naturaleza y con un paisaje cercado por 4 castillos cátaros.

Todo sonaba muy inspirador.

Me alojé en una cabaña diminuta con la gran suerte de encontrarme con una cama gigante en mi habitación con vistas a una vegetación abundante. ¡Felicidad! 
No todo el mundo tuvo esa suerte. Al entrar, me recibió una araña, también gigante, que me guiñó el ojo. Ça va?

Primer día, contrastes y emociones encontradas. Y yo, deseosa de saber cuál sería la próxima sorpresa.

En unos días, comenzamos con la construcción de la vivienda ecosostenible, donde con otros voluntarios empezamos a construir las paredes de dicha vivienda teniendo en cuenta ciertos aspectos técnicos para su correcta ejecución.

Todo el día con las manos en la masa como se suele decir y cambiando el trabajo intelectual que tenía hasta ahora por un trabajo más físico, rápidamente me percaté de que me iba a venir muy bien. Se me despejó la mente. 

Estaba en plena naturaleza, con el sol brillando por las mañanas, el viento en la cara por las tardes y las estrellas y la luna por la noche, y con la sorpresa de que a finales de Agosto tuvimos una luna llena que contemplé tumbada en una estupendísima hamaca de tela, (un deseo cumplido), camuflada entre varios árboles con 2 amigos más y una pequeña guía para, al menos, hacer el intento de ubicar en el cielo alguna constelación, con lo que me gustan a mí estas cosas.

Tengo que decir, que es más complicado de lo que yo creía, y nada, no vimos ninguna, todo fueron especulaciones a la luz de la luna ja ja ja.

Los días transcurrían más o menos repetitivos; por la mañana temprano a trabajar, break a media mañana al solecito, comida con grandes dosis de hidratos de carbono para recuperar fuerzas, más trabajo por la tarde, sobre las 19:00 parón hasta el día siguiente y finalmente momento ducha (el más delicioso de toda la jornada) y cena sobre las 21:00.

Las anécdotas, las risas, y las bromas, eran lo que hacía diferentes los días, en los que todos los participantes construíamos un espacio en común con el objetivo de aportar cada uno un poquito de su ilusión y esfuerzo.

Hubieron momentos incómodos por supuesto, me hice varias quemaduras ácidas por culpa del cemento, algunos cortes y heridas y mis queridos compañeros de rutina, los tábanos (a los que adoro), me cogieron mucho cariño durante mi estancia en Lastours, regalándome sus mordeduras al menor descuido. Tan hospitalarios ellos.

Pequeños accidentes que se compensaron por muchos momentos buenos. En un entorno donde lo único que tienes es naturaleza y siendo como soy, chica de ciudad, apreciar todo lo que estaba a mi alcance me generó al principio algo de molestia, ¡allí no había nada! 

¿Qué iba a hacer en mis días libres? ¿Y si el trabajo no me estimulaba? ¿Y si me aburría? ¿Disfrutaría la experiencia?

Aquí, nadie ni nada reclamaba atención, aquí la atención tenías que ofrecerla tú. Y eso te hacía sentir dueña de tu tiempo. Regalabas el tiempo que querías y los demás te lo regalaban a ti. Verdadera generosidad esa.
No había obligación ni competencia, pero sí compromiso y esa era la mejor forma de trabajar y de que las cosas funcionasen bien.

No necesitabas usar la tecnología, tenías abrazos, sonrisas y conversación siempre que quisieras y lo precisases porque la gente estaba dispuesta a ello. No había fotos que ver en ningún lado, las fotografías que apreciarías en una pantalla las tenías delante de ti, increíbles castillos medievales a tu alcance que podías en cualquier momento visitar (y una ciudad preciosa a la vuelta de la esquina: Carcassone), no necesitabas meterte en la cabeza técnicas de construcción ni estudiar el proceso a seguir porque lo estabas aplicando momento a momento mientras veías los resultados in situ. No pasaba nada si tu música en tu MP3 te aburría porque por las noches, tenías música en directo; siempre había alguien que sabía tocar la guitarra o el acordeón (a lo Yann Tiersen) y alegraba a todo el grupo que improvisaba un baile en el que te daban ganas de participar y las cenas eran a la luz de las velas.

Una traba importante para mí fue el idioma. No fui lo preparada que me hubiera gustado, pero de eso se trataba, de defenderme con lo que hasta ese momento tenía aprendido y lo cierto fue que, me di cuenta de que cuando en el ambiente hay empatía, solidaridad y ganas de comprender al otro, no son tan necesarias las palabras.

El lenguaje no verbal, ese que es tan infravalorado por algunos, en estos casos es de gran utilidad, así que me vino muy bien hacer un poco de ayuno de palabras y de esta forma, apreciar mucho más a quien era capaz de comunicarse conmigo sin utilizar el lenguaje, simplemente con gestos, sonriéndome, con abrazos, con guiños, con miradas cómplices o con estar ahí a mi lado, de mil maneras. 
Algunos no supieron, otros muchos sí. Y a mí eso me conmovía y me conmueve. 

Como observaba más, también sabía más acerca de la sensibilidad de cada persona, que sin estos detalles, a veces es difícil de percibir. 
Se crea una conexión más verdadera porque las palabras a menudo mienten.
Incluso alguien me dijo que estaría escuchando mi voz por horas, ¡a pesar de no entender nada de lo que le decía! Para mí, esto fue muy tierno.

En la incomodidad uno se da cuenta de lo cómodo que le hacen sentir, detecta las sutilezas y las valora aun más. 

Lenguaje no verbal ¡qué bonito eres!.

La realidad cotidiana a veces puede llegar a ser agotadora, sin querer te ves envuelto en un ritmo acelerado, no hay mucho tiempo para relacionarse porque la gente está centrada en ser competente, en producir y no te puedes relajar de verdad con tanta facilidad, a no ser que lo busques con ahínco. Un cambio de entorno para mí fue la clave.

Aquí, los días transcurrían despacio.
Los aprendizajes más importantes son los de vida, no tan sólo los concernientes al trabajo. Un voluntariado en un campo de trabajo no es solo para trabajar. Y eso, lo aprendes cuando vas a uno, tu objetivo además de aprender, es relacionarte con otros como tú para colaborar en un objetivo común por decisión propia y libre. 

En este caso, la construcción de una vivienda ecológica.

En el mundo de la construcción, existen 2 maneras de edificar; utilizando materiales prefabricados o industrializados que después se colocan en obra o construyendo con materiales autóctonos in situ. Se pueden combinar ambas. Nosotros elegimos la segunda opción.
Este tipo de construcción trata de crear un hábitat que respete siempre el medio donde se implante, siendo cuidadoso con todos y cada uno de los elementos de la naturaleza.

Utilizamos madera, cáñamo, arcilla y arena entre otros materiales. Y durante 2 semanas todo el trabajo lo realizamos con nuestras propias manos, sin apenas medios mecánicos. 

Disfrutando cada paso del trabajo, avanzando lento, sin prisa y riéndonos mucho en el proceso.

La principal característica de este sistema de edificación es minimizar el impacto lo máximo posible para el medio ambiente utilizando técnicas tradicionales y materiales saludables, reciclados y sencillos de obtener que sean compatibles con el entorno. 
En la construcción, cualquier cosa que realicemos va a influir y repercutir en todo lo demás, de hecho, se considera a la casa como una 3ª piel, después del cuerpo y la ropa. 
Tiene sentido. Estamos interrelacionados con el entorno donde vivimos. 

Cuando estás en un lugar así, tomas conciencia de todo ésto de forma muy clara.
Ha sido una experiencia muy enriquecedora en todos los aspectos, tanto personalmente como profesionalmente.

En realidad, no tuve tiempo de aburrirme. O dicho de otra forma, me encantó aburrirme allí.

Estuve en un lugar que antiguamente fue una mina de oro según me comentaron algunos habitantes del pueblo más cercano y que incluso hoy en día, todavía puedes encontrar por allí algunas piedras con oro en bruto, si tienes suerte. No todo lo que brilla es oro, a veces, lo que no brilla también.

"El silencio es oro" dicen. No iba tan desencaminada.

Tres palabras me llevo para mi vida y que me recordaran otra manera de vivir: 
silencio, lentitud y compromiso.

Tres palabras que para mí tienen ahora más sentido.

¡MUCHAS GRACIAS LASTOURS!

p.d: La B.S.O de mi preciosa aventura.
www.youtube.com/watch?v=MqoANESQ4cQ&list=RDMqoANESQ4cQ#t=45

sábado, 13 de junio de 2015

¿SÍ O NO?

                                                                                                        Lámpara Peel, estudio YOY.


Decimos que un espacio es interesante cuando al recorrerlo o estudiarlo siempre hay algo que te sorprende, que te encandila,...

Para cada uno, esta definición de interesante será una cosa: para unos será que esté bien ejecutado, bien resuelto; para otros que no sea previsible ni aburrido; que técnicamente sea vanguardista; que incorpore la luz de manera sutil y que genere diferentes puntos por donde ésta se cuele y defina el espacio; otros se fijarán en la paleta cromática del edificio, en la parte sensorial, en el concepto o en el discurso que hay detrás de la obra y en el significado que el autor quiso darle,...


Cuando se proyecta o se diseña algo, se crea algo nuevo y la reacción que las personas tienen hacia ello pueden ser muy diversas, es la llamada reacción hacia la novedad, mejor dicho, "su" reacción a la novedad.

Suponiendo un grado de conocimiento y una sensibilidad desarrollada respecto de lo que se mira para poder valorarlo mejor, cada uno de nosotros podemos tener sensaciones muy distintas.


El edificio o la obra en sí te va a hablar una vez esté ejecutada o puesta en valor públicamente, y cada persona captará algo de esa obra,... lo fascinante del arte es que mientras lo estás haciendo eres dueño de lo que creas, pero no después,... lo que sienta el público no es problema tuyo, escapa a tu control,...


Cada quien percibirá algo diferente cuando se enfrente a una "novedad", (unos pensarán, otros sentirán) y ésto irá en función de la visión principalmente que cada uno tenga del mundo, entre otras cosas,...

Será innovador si te sorprende, emocional si te emociona, majestuoso si te maravilla, profundo si te obliga a ver, intenso si te conmueve, útil si te ayuda,...

Al ver objetos pequeños también tenemos reacciones. Y con las personas pasa exactamente lo mismo.


Cuando alguien te parece interesante es porque hay algo en él/ella que te hace querer saber más, conocer más, experimentas curiosidad y necesitas interactuar con esa persona, conversar y compartir,...

Hace poco descubrí un diseñador japonés que me deslumbró (nunca mejor dicho) con algunos de sus diseños; en este caso me llamó la atención una pequeña luminaria situada en un rincón que por su diseño depurado y sin pretensiones consiguió emocionarme.

Es una pequeña mota de luz que consigue dar al espacio su energía, da lo que tiene tomando la forma de rasgadura, se abre a éste para iluminarlo,... ¡pero qué preciosidad!

Este diseño sencillo pero a la vez complejo por su pureza, es una excelente metáfora de que a veces lo más interesante es lo más sencillo y cotidiano.
Un objeto que ilumina y simplemente por eso, crea un espacio seguro y sereno.

Hay personas que también son así,... las ves y te transmiten paz,... cuando las conoces y en su presencia te sientes tranquilo y entonces sucede algo, eres tú mismo sin máscaras, irradiando luz, siendo veraz, mostrándote, desprendiendo energía,... porque también te la han transmitido,... y se produce un intercambio,... y la otra persona te parece encantadora y tú se lo pareces a ella,...

¿Por qué pasa esto? pues no lo sé pero pasa, es lo único que sé.

Con algunas te gusta estar y con otras no tanto.
No es ningún misterio, es una cuestión de sentirte o no satisfecho, cómodo, contento en su presencia.

Con el diseño es igual. Es crear algo que produzca armonía. Lo que tiene un buen diseño o un buen espacio es que crea bienestar, un entorno en el que te gusta permanecer. Y me gusta esa sensación de confort cuando veo cosas delicadas y cuando estoy con gente con la que me siento conectada, en modo "on" como digo yo,... Y haciendo gala al nombre de este blog, podríamos pensar que es el hilo rojo, que nos conecta con lo que es afín a nosotros,...

A veces nos cuesta percibir cuando nos sentimos bien y cuando no,... sobre todo si no nos escuchamos demasiado; cuando, algo que hemos proyectado está bien, y cuando, aun tenemos que darle más vueltas para poder llegar a ese estado de: ¡ahooora sí! y entonces te sientes maravillosamente.

Personalmente, me ha pasado que pasado un tiempo, miro lo que he creado y pienso que lo haría de otra manera. Para mí, sigue inacabado. Supongo que nos pasa a muchos. 

Día a día vamos aprendiendo a hacer las cosas mejor y sobre todo, a darnos cuenta lo que es para nosotros y lo que no porque ambos, aunque el "no" tenga mala reputación son igualmente importantes.

Lo que te gusta y lo que no, lo que prefieres y lo que no, lo que eliges y lo que no, lo que necesitas y lo que no, lo que te motiva y lo que no,... hay una larga lista de síes y de noes,...

A mí me gusta el buen diseño, y la gente limpia, que se abre a los demás, que son generosos,... como este diseño, que desde hoy es uno de mis favoritos. 

A esta pequeña luminaria de pared digo SÍ.

miércoles, 6 de mayo de 2015

¿PERSISTES O DESISTES?


Hace un tiempo me apunté a unos talleres de creatividad.

Hicimos varios ejercicios con dinámicas de grupo en los cuales cada persona aportaba sus ideas respecto de un tema sin censuras ni juicios por parte de los demás integrantes. 
El llamado "brainstorming" o lluvia de ideas famoso.

Para que estuviéramos a gusto, las responsables del taller nos repartieron gominolas en cada mesa de cada equipo y nos dijeron que cada uno de nosotros era capaz de generar ideas, no existía nadie que fuese inútil en aportar al grupo y que estaba prohibido sabotear al otro y a nosotros mismos. Todo lo que dijéramos era válido. 
El ambiente era cada vez más distendido, habían cada vez más risas, todos estábamos relajados y nos sentíamos amistosos unos con otros.

Yo pensé,... igualito que en la carrera de arquitectura ja ja ja... donde la capacidad de reflexión y de crítica siempre era lo más importante.

Seguidamente, nos presentaron el ejercicio final. 
Me sentí muy a gusto y estaba deseando que empezara el ejercicio en cuestión.

Consistía en dibujar de forma rápida (sin pensar demasiado) lo que la persona que dirigía el taller nos dijese con un tiempo mínimo y además cronometrado.

Yo me sentía tranquila a la par que intrigada; me encanta sentirme así, curiosa, a la expectativa de que me sorprendan y me hagan abrir los ojos a nuevas experiencias,... ese estado me da mucha energía.

La mujer empezó a hablarnos, nos dijo:

- Dibujad una flor.
- Esto va a ser pan comido -pensé-
Dibujé la típica margarita.

A continuación dijo:
- Dibujad una casa.
Me negué a dibujar la típica casita de "Hansel y Grettel" con tejado a dos aguas. 
¡No, no y no!
Tenía que ser más original y dibujé la casa Dominó de "Le Corbu". Ahí estaba yo ¡toma! Estaba ya pletórica y deseando MÁS.

El tercer dibujo era nuevamente una casa.
- Vamos allá, si es por casas, tengo toda una biblioteca de ellas en mi mente. 
Dibujé una casa deconstructivista.

Oh, oh, de nuevo nos piden otra casa.
- De acuerdo, dibujemos un rascacielos típico de Nueva York. Se piensa esta mujer que me voy a quedar sin imaginación.

¡Será pesada la tia! ¡¿Otra casa?!
- Muy bien, vamos con las casas de la pradera de Frank Lloyd Wright del siglo XX.

- Dibujen por favor otra casa.
- Vale no te preocupes (ni nombre), tienes recursos suficientes para abordar este maldito taller.

- Y ahora,... dibújenme otra casa.

A todo esto, he de decir que apenas nos dejaban tiempo para pensar, aproximadamente un minuto y tenías que responder a tu impulsividad lo más velozmente posible. 

La jugada consistía en: 0 pensar -  1 hacer.
Nos apretó bien las tuercas y repitió la palabra "CASA" exactamente 30 veces. 

Yo en ningún momento me rendí (buena soy yo para tirar la toalla), sin embargo, muchos compañeros ya habían abandonado el lápiz, resoplaban y se cruzaban de brazos esperando el final de semejante chorrada. 
Otros, gracias a mi ojo avizor, dibujaban la misma casa desde diferentes puntos de vista, no querían abandonar el barco y dibujaban lo que mejor podían. ¡Algo es algo ¿no?!

Cada vez éramos menos los supervivientes. Hasta que terminó el ejercicio. Ahora nos iban a explicar qué significado podía tenía todo aquello.

Me sorprendí a mí misma cuando miré mi hoja y descubrí casas que ni siquiera había visto ni en revistas, quizá en el futuro existieran o quizá no, pero lo que estaba claro es que con presión el cerebro racional se desconecta un poco y surge la creatividad en estado puro. ¡Buenísima idea!

Os puedo decir que hubieron muchas ideas asombrosas, entre ellas, casas de animales (caparazones de tortugas, conchas de caracol, madrigueras), el océano, una lápida, casas-barco, iglús, casas-caravana, casas hechas de contenedores marítimos, tipis, torres de control, faros, jaulas, árboles, aviones, casas a lo "Zaha Hadid",...

Un sinfín de ideas que era lo que se pretendía, sin juzgar cuáles eran mejores y cuáles no.

Lo más interesante fue notar como la incertidumbre y el nerviosismo se apoderaban de ti, incluso la mala leche en algunos casos y cómo podías medir tu capacidad de frustración cuando llegaba tu límite de no saber que mas dibujar. 

La otra conclusión fue que la mayoría de nosotros somos cómodos, no nos esforzamos, queremos la solución fácil y cuando nos obligan a perseverar, es cuando aparecen cosas realmente asombrosas y nos sorprendemos del talento que pensábamos que no teníamos.
¡AJÁ! Resulta pues, que nosotros somos nuestros peores enemigos, porque preferimos el conformismo al esfuerzo y en este ejercicio cada uno se posicionó donde realmente está.

Los que no tiraron la toalla, fenomenal, son los que no se relajan y siempre están superándose. Los que se rindieron casi inmediatamente, fenomenal también, saben que su vagueza les ha ganado la batalla y tienen que trabajar más su disciplina.

Gran enseñanza con un sencillísimo ejercicio. Os recomiendo que lo hagáis en casa.

Con la acción se aprende mucho más que con frases sobre creatividad compartidas en redes sociales, os lo digo yo.

Esfuerzo, perseverancia, paciencia y muchas muuuuchas ideas: las claves para ser creativos. 

Si tengo que envejecer, no me importa, pero me comprometo a que mi creatividad no lo haga. Las personas con espíritu joven siempre son creativas, por eso he elegido esta imagen, porque con alguien así, seguro que la vida es mucho más interesante.

¡Y a mí me gusta rodearme de gente interesante!

martes, 7 de abril de 2015

¿LUZ O SOMBRA?


                                                                 Foto de Mehdi Ghadyanloo.


Hoy me gustaría hablaros de la sombra en arquitectura. Y su opuesto, la luz.

Tadao Ando, Le Corbusier y Alberto Campo Baeza son algunos de los arquitectos que la utilizan con gran maestría.

La luz puede ser utilizada como un elemento más e incorporarlo al proyecto, aunque sea intangible, no sólo como cualidad decorativa.

En el Panteón de Agripa en Roma tenemos uno de los ejemplos en el que se crea un juego interesantísimo de luz y sombra.
Es considerado por algunos como el edificio más bello del mundo; por algo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La luz, tanto natural como artificial, se puede manipular mediante el diseño.
Podemos crear tantos espacios como personas; con luces dramáticas, luces sutiles, con sombras marcadas, proyectar lugares oscuros, lugares semi-oscuros, espacios con luces de colores, luces tamizadas, a contraluz, con fuertes contrastes, con luz moteada, difusa, matizada, indirecta,...

El tipo de iluminación es lo que hará que el espacio nos haga sentir unas emociones u otras, que pueda ser estimulante, lleno de vida, triste, asombroso, deslumbrante, dramático... que nos sintamos estupefactos, cansados, alegres, productivos... sin duda alguna la luz mejora o empeora la calidad de vida de las personas y nuestros estados de ánimo. Nadie es ajeno a ella.

La luz contribuye al ambiente de un lugar sin duda.
No es lo mismo iluminar un aeropuerto que iluminar una iglesia obviamente.

Hay infinitos recursos para conseguirlo, mediante ventanas, rasgaduras, perforaciones, patios, filtros, vitrales, lucernarios, dientes de sierra...

El interior del Panteón es un espacio imponente gracias a su enorme cúpula de 44 metros de diámetro. Para lograr sostenerla, los romanos utilizaron distintas técnicas. 
La proyectaron bastante gruesa, colocaron contrafuertes para reducir su peso, utilizaron diferentes tipos de cemento y también perforaciones en forma de casetones trapezoidales.
La cúpula semiesférica está perforada por un agujero circular de casi unos 9 metros de ancho. 
El óculo central proporciona al interior su única fuente de luz natural y enfatiza la curva del techo a través de un juego de luces y sombras.
Quienes lo hayáis visitado sabéis de lo que hablo.

Tanto las sombras como las luces y la combinación de ambas nos permiten descubrir cualidades diferentes en los espacios, resaltándolos, reforzando volúmenes, dando fuerza a las texturas, a los colores y dotándolos de carácter, serenidad...

No podemos prescindir de la luz ni tampoco de la sombra en la arquitectura puesto que ambas son necesarias para dar riqueza e intencionalidad a los espacios.

Las personas también tenemos luces y sombras.

Nuestras luces son visibles para todos, son nuestras fortalezas, virtudes, habilidades,... en definitiva nuestra mejor cara. Las sombras son invisibles y no todos conocemos cuáles son.

La sombra según Carl Gustav Jung, un psiquiatra suizo muy importante es todo lo que está oculto o inconsciente en nuestro interior y que reprimimos o no reconocemos como nuestro.
Todo lo que negamos o de lo que no nos sentimos orgullosos y que no queremos ser, eso es la sombra. Y si no la aceptamos, seguirá estando, no la veremos pero no desaparecerá.

Cuando trabajé  mi sombra con un profesional, curiosamente por aquella época, proyectaba edificios oscuros, yo no me daba cuenta, pero tenía predilección por los sótanos, por los espacios convergentes, lugares tipo cueva y soñaba con túneles. De alguna forma, estaba reconociendo mediante el dibujo mi parte oculta.

He aprendido que tal y como estás percibes. Si estás en un estado de miedo, tu foco se fijará en todo lo negativo, te enfocarás en todo lo detestable, en las malas noticias, en lo indignante de la sociedad,... y al contrario, verás todo lo maravilloso que te rodea y buscarás lo mejor en todos cuando te sientas en paz contigo mismo y con todo lo que eres.

Así que, aceptemos todas nuestras partes, no sólo las que relucen de nuestra persona, los huecos también, nuestro lado oscuro también, las partes feas también, nuestro Mr. Hyde en particular, álter-ego o como queráis llamarlo ya que, como la arquitectura, la sombra será nuestro distintivo para hacer del espacio, de nosotros, algo potente y sorprendente. 

Ella siempre nos enriquece y nos da poder.

Fijaros en la foto. En la luz es una escalera, en la oscuridad una catedral. No hay sombra sin luz.

¡Amo a mi sombra. Amo a la arquitectura!